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20.3.11

Cap XII: Sanabria era ‘trabajador’, ‘humilde’ y ‘honesto’

Publicado en La Razón. 
René Sanabria cargó bolsas de abarrotes y pisó uva para costear sus estudios de policía en los 70. Los castigos que recibió de cadete no fueron obstáculo para sobresalir y ascender a general. Pero, de la noche a la mañana, todo sucumbió porque cayó acusado de narcotráfico.
La mayoría de los que lo conocieron ahora se declara “muy sorprendida” por lo que está pasando con el general, detenido el 24 de febrero en Panamá y encarcelado en EEUU, acusado de llevar cocaína a Miami.
Sanabria, tras salir bachiller del colegio nacional Pichincha de la ciudad de Potosí, a sus 19 años, emprendió viaje a La Paz para postularse en la Academia Nacional de Policías (Anapol), aunque no tenía un solo centavo para costear sus estudios, según contaron a La Razón miembros de su familia y algunos de sus camaradas.
Él decidió volver a su tierra natal, Tumusla (Nor Chichas, Potosí) a pisar uvas para los vinicultores, oficio que aprendió en su familia de seis hermanos, y a cargar abarrotes en una tienda de la Villa Imperial para ahorrar dinero para su uniforme y libros.
Con el trabajo de un año regresó a la La Paz, con la mirada puesta en la Policía Boliviana, con el objetivo de “ayudar a la gente”, según su familia. Cumplió el primer consejo de sus padres: “siempre hay que luchar por lo que uno quiere” y que “nada era fácil”.
Como buen potosino del campo, el cadete llenaba sus bolsillos de tostado y queso de chivo para calmar el hambre. Por ello, recibía castigos de sus superiores. Pese a ello, obtenía los mayores puntajes académicos.

Franco. En los días de franco en la Academia, pedía que le dejaran quedarse porque no tenía a dónde ir en La Paz. A veces le obligaban a salir y él se ponía a caminar por el centro de la ciudad para hacer hora y regresar a pie hasta Bajo Següencoma.
Tras egresar en 1977, su primer destino fue el Distrito Policial 1 de La Paz. Luego patrulló con 110. Fue catedrático e instructor de la Anapol, Comandante de batallón y entre el año 2000 y 2008, entró a la lucha contra el narcotráfico.
Durante su carrera de académico en la Anapol dictó la materia de Investigación Antinarcóticos para los estudiantes del tercer año (quinto y sexto semestres) y en la Esbapol (Escuela Básica Policial). También dio la cátedra de Patrullaje Policial e incluso escribió un libro sobre esta temática. En el texto habla de la vocación policial, de la ética y el trabajo rutinario del policía boliviano.
La promoción policial 2006 de la Anapol le impuso el sobrenombre de “El Justiciero”. Uno de los subtenientes contó que un día los cadetes se quejaron a Sanabria, que era subdirector de la Anapol, porque los instructores les “jaripeaban” (castigo físico) sin motivo por las noches.
En una visita sorpresiva a medianoche, Sanabria comprobó los abusos e hizo más frecuente su presencia para evitar castigos. “Por eso le llamábamos ‘el Justiciero’; nos hizo justicia”, manifestó el oficial de la Policía. Por esa dedicación profesional, Sanabria fue reconocido por su pueblo, Tumusla, el 2007, cuando le nombró “Hijo Predilecto”.
El año 2009 fue ascendido a general de Policía y se jubiló después, cuando era integrante del Alto Mando Policial. En febrero del 2010 fue invitado a formar parte del recientemente creado Centro de Inteligencia y Generación de Información (Cigein), desde donde manejó información exclusiva sobre la actividad del narcotráfico en Bolivia.
El 24 de febrero último, se reportó su detención en Panamá y posterior extradición a EEUU, bajo la acusación de enviar 144 kilos de cocaína a Miami. Incluso las autoridades del Ministerio de Gobierno expresaron su sorpresa. Información proveniente de Chile señala que él habría hecho otros 13 envíos con un total de 4,7 toneladas de droga a ocho países.
“Si mi padre tuviera dinero, hubiera querido que sus cuatro hijos vivan en mejores condiciones. Pero hasta ahora vivimos en el mismo departamento que mi abuelo (progenitor de su madre, Lourdes Nava) les regaló a mis padres cuando se casaron y no viviéramos las 3 hermanas en un mismo dormitorio”, reclamó una de sus hijas la semana pasada.
Pese a lo delicado de la situación, algunos de sus camaradas lo califican como un hombre “correcto”, “de poco hablar”, “humilde”, “original”, “una persona simple en sus maneras”, que “te daba charla”, “hablaba siempre en el mismo tono”, “sobrio” o que “se veía que era un hombre que surgió desde abajo”.
Sus hijos creen que el proceso es político y cuestionan la acusación que le hacen desde el exterior. No entienden por qué afirman que bebió mucho whiski en Chile, cuando transaba supuestamente el envío de droga a Miami, si padece de taquicardia por su mal de chagas. Un amigo de Sanabria aseguró que era abstemio y que en fiestas familiares, se hacía preparar té helado que pareciera que estuviera con un vaso de trago. Así evitaba el reproche de los invitados.
Aunque algunos de sus camaradas se han solidarizado aportando para pagar a los abogados que le defiendan del proceso en su contra, cercanos senadores y diputados, que lo llamaban preferentemente para que revise las normas policiales que se estaban debatiendo en la Asamblea, prefieren guardar silencio.
Desde su detención, Sanabria no se ha comunicado con su familia. Preocupados, sus hijos dicen estar reuniendo dinero para visitarlo próximamente en EEUU.

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