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7.11.11

Zafreras confeccionistas piden abrir mercados de exportación

“Podemos, somos mujeres luchadoras”, dijo enfática y optimista Nuvia Herrera Pérez, una de las supervisoras de la planta de textiles en Riberalta. La estatal tiene medio centenar de zafreras convertidas en confeccionistas que piden sostenibilidad con apertura de mercados.
En 2009, en el marco del Programa de Desarrollo Productivo de la Amazónica. El Estado identificó la necesidad de generar fuentes de empleo que beneficien a la población económicamente más vulnerable, teniendo en cuenta la falta de oportunidades de empleo para las mujeres y madres de familia en la región amazónica. Así empezó a operar, el 11 de noviembre de ese año, la planta de elaboración de poleras y confección tipo polo en el municipio de Riberalta.
La fábrica depende de un proyecto de Insumos Bolivia. Tiene una capacidad de producción de 210.000 poleras y 150.000 polos al año. La ficha técnica señala que se generan 70 puestos de trabajo en dos turnos.
Su objetivo era la confección de prendas para ser comercializadas en Venezuela. Pero a la fecha, sólo se materializó una exportación de 13.621 prendas de vestir tipo polo en diferentes tallas y colores a ese país, por un monto de  55.825,88 dólares.
“Queremos levantar esto para ayudar a las mujeres para que tengan trabajo, por eso seguimos luchando aquí”, afirmó Heiby Cayo Cabral.
“Queremos que sepan que en Riberalta hay mujeres capaces para hacer confecciones de calidad. No sólo los de Oruro o Cochabamba pueden hacer exportaciones, los cambas también”, defendió Nuvia Herrera.
“Podemos afrontar cualquier pedido. La primera capacitación fue de seis meses. Éramos más gente. Nos quedamos algunas porque nos gusta el trabajo y por eso no hemos desertado. Seguimos capacitándonos”, expresó Elizabeth Tonores Fariñas.
“Antes trabajaba en mi casa; pero estuve desde el principio ayudando a organizar todo con el ingeniero Gonzalo Uscamayta. Exportamos a Venezuela. Ahora necesitamos que vuelva la exportación para tener trabajo seguro.
Cuando hay exportación se puede ganar bien. Ahora estamos con trabajos locales nomás”, subrayó Heiby Cayo, quien tiene seis hijos.
“Gracias a Dios nos ha ido bien, pero queremos pedir que el trabajo sea constante. Es verdad, no es fácil. Pedimos que no se olviden de nosotras. Agradecemos al presidente Evo Morales porque nos ha dado estas máquinas. Seguimos luchando. Nuestros esposos no son profesionales y necesitamos este trabajo”, enfatizó Gueisa Dury Pacamia.

Ellas son supervisoras de las líneas de Confección, Calidad, Corte y Terminado. Para asumir esos cargos tuvieron que dar exámenes. A diferencia de las otras mujeres, se quedaron en la planta y no fueron a la zafra de castaña. Si bien tuvieron dificultades con sus esposos, ahora están contentas de tener un ingreso adicional y sus hijos siguen en el colegio.
Formar una organización de mujeres o de esposas de zafreros es una idea que ronda en el ambiente. Al inicio del proyecto, la alternativa era que los zafreros organizados puedan administrar la planta. Pesó más el trabajo de la zafra y se llevaron  a sus esposas porque “tienes que ir detrás de ellos”, recordaron.
“Nos hemos quedado igual que otros empresarios a nivel nacional. Tenemos bastantes pedidos (intenciones de negocio) de Venezuela, pero no han logrado ser concretados por varias dificultades”, señaló el responsable de la planta Gonzalo Uscamayta, experto en textiles con más de una década de trabajo en fábricas paceñas.
Anunció que los pedidos tienen un valor de dos millones de dólares. “Si esto se logra materializar, vamos a tener trabajando la planta a su máxima capacidad”, manifestó optimista.
Y agregó que hacen una prospección en el mercado de Brasil y México; “pero es un proyecto a mediano plazo”. Enviaron las pruebas correspondientes y esperan resultados que un par de brokers están realizando.
Actualmente, 25 familias dependen del emprendimiento estatal. Crecer es cuestión de movimiento de pedidos, “ahora estamos copados con el mercado local, tenemos el pedido de Fancesa y luego para una unidad militar”, dijo.
Ante la espera de una exportación, el mercado local se convirtió en la esperanza de las mujeres. Atendieron pedidos pequeños para colegios e instituciones públicas de Riberalta. La Razón conversó con algunas personas en la calle, quienes manifestaron que hacen prendas de calidad y que están quitando mercado al taller Rimba y a otros dos pequeños talleres de confección que hay en esa ciudad, que tiene más de 160.00 habitantes.
Después de atender un pedido del Servicio Departamental de Chuquisaca y adquirirse nuevas máquinas, están dedicadas a la confección de camisas, pantalones, chalecos, parcas, overoles, también térmicos. El siguiente trabajo que les espera es la fabricación de 15.000 poleras y 7.000 uniformes completos para la Fuerza de Tarea Conjunta.
“Estamos buscando la soberanía del autoabastecimiento. Nos presentamos a las convocatorias como toda empresa, para competir”, aclaró Uscamayta. “Tenemos un software de diseño que ayuda en la elaboración de costos. La versión adquirida costó 15.000 dólares.
Un equipamiento completo puede valer hasta un millón de dólares. Estamos soportados”, aseguró. “Generamos un alto impacto económico, social y político en Riberalta. Las  señoras que antes se dedicaban a la zafra de la castaña han visto una nueva oportunidad de profesionalizarse”, dijo.

Ventas realizadas en 2 años

-13.621 prendas de vestir tipo polo en diferentes tallas y colores se exportaron a la República Bolivariana de Venezuela, por un monto de $us 55.825,88.

-El 29 de junio de 2011, entregaron 2.321 unidades de ropa de trabajo para el Sedcam Chuquisaca.

-El 12 de septiembre se  suscribió un contrato con Concretec para la producción de 5.231 prendas de trabajo (poleras, overoles, chamarras y otros), las mismas que están en pleno proceso de confección en Riberalta.

Las materias primas para confección  se importan

“La materia prima que no hay en Bolivia la importamos y adquirimos todo lo que se produce en Bolivia”, aseguró Uscamayta, porque “tratamos de apoyar a la industria nacional”.
El estampado de las prendas se realiza en La Paz porque no hay ese servicio en Riberalta. Se ha planificado adquirir un pulpo mecánico para reducir costos de transporte, para el embellecimiento de las prendas.
Las telas de algodón las proveen Ametex e Intertex, según el requerimiento técnico de cada pedido. En Bolivia no hay fábricas de tejido plano (camisas) por lo que importan del Perú. Otras telas las adquieren de Corea. La tela China no cumple especificaciones.

Desarrollo y capacitación

-La planta de textiles de Riberalta genera empleo para los proveedores de cierres, botones, transportistas y pequeños negocios de comida.
 -Fautapo y Koika llegaron a Riberalta y han abierto dos centros de capacitación en textiles y otros rubros.

Svetlana Salvatierra. Publicado en El Financiero, 6 noviembre 2011

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