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2.12.11

Salesianos no quieren 3D y vendedores de dulces en riesgo

Por: Svetlana Salvatierra (La Razón), Mónica Aramayo (La Patria), Jorge Castel (ANF), Alberto Yapuchura (Cambio)

Esta nota fue realizada en taller para periodistas organizado por el EJC, European Journalism Center, que dictó Miguel Wiñazky, Secretario de Redacción de Clarín y Director Periodístico de la Maestría en Periodismo del Grupo Clarín, la Universidad de San Andrés, la Universidad de Columbia. (29/11/11 - 1/12/11)



La negativa de los religiosos de la orden salesiana de invertir 150.000 dólares para proyectar películas 3D, derivará en el cierre del cine 16 de Julio a partir del 1 de enero luego de 44 años de funcionamiento continuo y afectará a 14 vendedores de dulces cuyas historias de vida se construyeron en su puerta de entrada.
“Yo quería colocar 3D, porque ya estamos muy rezagados, ahora las películas ya llegan en 3D y no tenemos el sistema. Pero la Orden Salesiana decidió no invertir y ahí termina todo”, dijo el director adjunto de la empresa cinematográfica, José Melgar Quevedo.
La intención de consolidar el sistema de transmisión 3D, tenía el fin de dar al cine un “toque social” ya que en otras salas cobran por las entradas entre 40 a 45 bolivianos, “el 16 de Julio fijaría un precio de 20 bolivianos” que es el precio actual.
El director del cine, el padre Pierre Luigi Maistreio, está en un retiro espiritual en Cochabamba, a su regreso tendría que dar alguna explicación pública sobre los planes de la orden Salesiana para cerrar el cine y usar la sala como un lugar de espectáculos y definir el futuro de los convenios con los vendedores de golosinas.
El cierre provocará la pérdida de empleo a 8 personas, entre ellas, operadores, contadora, personal de limpieza y de apoyo. También serán afectados 14 vendedores callejeros porque consideran que sus ventas se reducirán.

Julieta Loayza cumple 43 años vendiendo dulces

 A Julieta Loayza, una vendedora de dulces, la noticia de que el cine 16 de Julio va a cerrar sus puertas no le quita una idea de su cabeza “¿Cómo voy a ayudar a mi hijo a que entre a estudiar Derecho a la universidad?”.
En estas cuatro décadas, con ese trabajo, ayudó a sus hermanos a salir del colegio. Se casó. Tiene cuatro hijos, pero tuvo que cuidarlos sola. Está orgullosa de su hijo auditor, de 32 años, el ingeniero de 28 años. “La tercera es mujercita y está todavía en la universidad y el menor sale este año bachiller. Quiere estudiar Derecho….pero no sé si voy a poder cumplir… Haber veremos cómo me va”.
Doña Julieta, con la venta al raleo durante el día tiene una ganancia entre Bs 70 y Bs 100, en películas taquilleras extranjeras triplicaba sus ingresos. Lanza un pedido a los padres salesianos: una reunión para analizar que va a pasar con su principal actividad económica.


Cristina Mamani no conoce la sala del cine

Cristina Mamani, se gana la vida desde hace 32 años en otro puesto móvil, justo a la entrada del Cine Teatro 16 de Julio. Con el rostro marcado por la rutina y los años, Mamani madre de cuatro hijos, cuenta paradójicamente que pese a estar a escasos metros, no conoce la sala del Cine 16 de Julio.”Nunca he entrado por vender, vender, vender nomás”, dice. La mujer de 52 años se entristece sobre el futuro del cine. “Cómo se va cerrar, cómo nos vamos a mantener; estamos acostumbrados a vender aquí”, exclama, aunque reflexiona que las siete dulceras, como se las llama a la gente dedicada a la venta de golosinas a los ocasionales espectadores. No se moverán del lugar asegura en nombre de las otras vendedoras.
Un cuadra más abajo, Luis Machaca vendedor de pasteles, salteñas y otros hace 40 años dice no saber nada del cine 16 de Julio . “No nos afecta, porque ahora ya hay Internet y vídeos para comprar. Hace años se veía harta gente que hacía fila para entrar al cine, ahora ya no es así”, confirma.


Pablo Calisaya ahorró $us 15.000 para su anticrético

Pablo Calisaya tiene 75 años y hace 41 vende golosinas en la puerta del cine, a largo de estos años ahorró $15.000 para su anticrético por la venta que le permite vivir con tranquilidad.
“Empecé vendiendo dulces y refrescos a los 34 años. Recuerdo que en los primeros años la gente venía en familia con sus hijos para ver los estrenos como las películas de Cantinflas”, rememora Calisaya dando un vistazo a la fachada del cine como añorando aquellos tiempos.
Él trabaja desde las 7.30 hasta las 21.30, hora de ingreso del público a la última función de cine. “Esto día por medio, porque somos dos sindicatos organizados los que trabajamos aquí”, cuenta.
“Ahora estoy de pena porque cierran el cine, cada día gano unos Bs.80, ya no vamos a vender como antes, tal vez salven las funciones de David Santalla y de Tra la lá que a veces vienen a presentarse”, concluyó con esperanza de mantener su ganancia.

Publicado en www.lanoticiadeseada.com

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