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2.9.13

Sostenibilidad de la quinua real necesita de las llamas

“Los suelos están cansados”, decían los abuelos y aplicaban sus saberes para recuperar la tierra árida. Hoy, las investigaciones científicas coinciden y alertan sobre la necesidad de cuidar la relación de las llamas con la quinua real para la sostenibilidad y seguridad alimentaria.
¿Por qué es irreemplazable esa relación? El estiércol de la llama aporta al suelo en la generación de nitrógeno, un elemento clave para una buena producción de quinua. Sin embargo, el boom económico provoca la disminución de estos camélidos.
En Potosí se realizó un Conversatorio sobre el Complejo Quinua-Camélidos con apoyo del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), la Universidad Autónoma Tomás Frías y otras instituciones. Allí, Freddy Villagómez, de Cipca, advirtió que la quinua puede convertirse en monocultivo, dejar la práctica del cultivo orgánico y ser un agronegocio más en el mundo, afectando a la economía campesina.
Félix Mamani, doctor en Agronomía, docente e investigador de la UMSA, explicó que el estiércol de la llama ayuda a mejorar las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo, es fuente de materia orgánica, fitohormonas e influye en la capacidad productiva del suelo. Sin embargo, cuestionó que se debe investigar más sobre la composición de las arcillas donde se cultiva quinua real.
En ese rumbo, David Soraide, de Fautapo, indicó que hay estudios preliminares que presumen que la presencia de la bacteria Azospirillum en suelos cultivados con quinua real permiten la fijación biológica del nitrógeno atmosférico, para construir material proteico celular de la planta. 
Cesin Curi, del Centro de Producción de Tecnología Sostenible (CPTS), sostuvo que si la agenda estatal plantea 1 millón de toneladas anuales en 2025, se requiere habilitar y hacer un manejo sostenible de 2 millones de hectáreas de tierras áridas, no tradicionales, actualmente sin uso y en franco proceso de erosión natural. Eso también implicará invertir en diseño y construcción de máquinas adecuadas y modelos de negocio que respeten a la tierra y comunidades.
Para Jesús Cárdenas, ingeniero agrónomo e investigador a tiempo completo de la Universidad Técnica de Oruro, es imprescindible una ley de suelos y que las cartas orgánicas incluyan la “degradación de suelos”.
Hoy, las normas comunales no se cumplen ni interesan al productor, que sólo va a sembrar y cosechar, y no vive en la comunidad. En el altiplano sur viven 5.978 productores.

Los camélidos generan negocios en áreas rurales

La carne de llama es importante en la cadena alimenticia, así como su lana y cuero que hoy son revalorados en pequeños emprendimientos que permiten obtener ingresos a familias campesinas.
Dan opción al campesino que no tiene acceso ni a las telecomunicaciones
Artesanías y prendas de vestir son los productos más conocidos hechos con lana de llama. Sin embargo, su carne va ganando reconocimiento en la cocina y su cuero en la producción de zapatos.
La llama no sólo es importante en la sostenibilidad del cultivo de la quinua real, también en la economía campesina porque ofrece alternativas de negocios y de recuperación de su crianza. Una pequeña oferta se presentó en la VII Feria Nacional de Camélidos que se efectuó del 15 al 18 de agosto en el estadio Víctor Agustín Ugarte de la ciudad de Potosí. La parrillada de carne de llama y los chorizos fueron los más demandados a la hora de almorzar.
Salustiano Flores, uno de los expositores de San Andrés de Machaca, provincia paceña donde fabrican zapatos con cuero de llama, detalla que compran el cuero en Alto Lima y “como es suavito y de calidad, le ponemos una buena planta y le gusta a la gente en las provincias. Allí vendemos”. Sus precios son baratos.
Las artesanías en cambio son un poco más caras porque las mujeres tienen que hilar, teñir y tejer. Paulina Tulaba Mendoza detalla que “una bolsita cuesta harto. Un día tejemos poquito y andamos en el campo con la llama y la oveja. El hilado toma unos tres días”. Sus diseños son “ideas propias”, enfatiza, pero también asiste a las capacitaciones que llegan de La Paz y Oruro.
Ella, como Romualda Camiño, que sólo habla quechua, viven en Belén de Urmiri, provincia potosina, y forman parte de una asociación de 50 mujeres que se dedican a tejer mantas, bolsas y otras artesanías con lana de llama y alpaca. Dejan su producción en Molino. “A un padre de Bélgica y cada vez vamos a recoger”, aclara Tulaba. Ambas reclaman, como muchos productores de artesanías, que vendieron poco en la feria.
Y eso que rebajaron sus precios, pero no mucho porque saben que su trabajo tiene valor. Una bolsa de lana de llama valía Bs 80 y un estuche de celular Bs 20.“Queremos vender en otros lugares”, manifiesta Tulaba. Así como lo logró Petrona Díaz, de la comunidad Papachacra (frontera con Argentina), en la provincia tarijeña Avilés. Es parte de la Asociación de Artesanos y Artesanas de Tajzara (unas 600 personas), que hace décadas exportan. “Vendía en Tarija, pero ya he vuelto a mi pago porque hace mucho frío”.
El proyecto de Apoyo a la Valorización de la Economía Campesina de Camélidos (VALE) alienta varias iniciativas en el país como las de las asociaciones de Felicidad Choque, que es de Charaña, o Sonia Yavi, de Corque, en Oruro.

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