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26.8.13

El comercio mayorista renace en Cuba; agricultores se benefician


Una veintena de camiones cargados de verduras y frutas espera bajo un ardiente sol tropical para entrar al terreno del mercado mayorista, una modalidad de comercio que renace en Cuba después de medio siglo.
“Llegan camiones de toda Cuba, unos 80 cada día”, dijo a la AFP Argelio Méndez, encargado del “Mercado de Abastos” de la Calle 114 de Marianao, un municipio del oeste de La Habana.
Explicó que los “principales compradores” son dueños de puestos en mercados minoristas agrarios, de carretas de mano que venden vegetales en la calle y de restaurantes privados, que como el Mercado de Abastos operan bajo las leyes de oferta y demanda, una novedad en la isla comunista.
“Todo lo compro aquí porque ellos tienen productos de muy buena calidad y buenos precios”, dijo el carretonero Iván García, quien acababa de adquirir “una docena de racimos de plátanos y dos cajas de excelentes mangos”.
Durante medio siglo la empresa estatal “Acopio” fue la única encargada de comprar y distribuir toda la producción de las fincas estatales, las cooperativas y los campesinos privados del país, a partir de acuerdos sobre volumen y precios establecidos al inicio de las cosechas. Pero este sistema era muy ineficiente, había pérdidas y deterioro de los alimentos por retrasos en la distribución, por lo que los agricultores reclamaban el fin del monopolio estatal.
Como parte de las reformas económicas, el presidente Raúl Castro autorizó a fines de 2011 a los campesinos a vender sus cosechas a hoteles y en julio facultó a todos los productores agrícolas de la isla a comercializar libremente sus remanentes después de cumplir sus contratos con el Estado. Los agricultores están contentos de vender sus productos en el mercado mayorista de la Calle 114, aunque el lugar carece de instalaciones, salvo un contenedor que sirve de oficina.
Lo que no les gusta es el horario, pues funciona desde las 17.00 hasta las 08.00 del día siguiente, lo que causa filas de camiones esperando largas horas antes de entrar a ofrecer sus aguacates, papayas, plátanos, ajos y cebollas. “Aquí no puedes vender ni un diente de ajo hasta que no abra el mercado, son las reglas”, declaró a la AFP Joel Vázquez, de 20 años, mientras esperaba que abriera el centro de abasto después de llegar desde Güira de Melena, 40 kilómetros al sur de la capital, con un camión lleno de plátanos, boniatos y ajo.


A pocos metros, Rony, de 29 años, permanecía bajo su viejo camión Ford para protegerse del sol que castigaba “sin piedad” su cargamento de 85 sacos “de naranjas y limones de primera calidad”. “Si el horario no fuera tan limitado, quizás ya estuviera (de regreso) en casa”, se quejó; Rony condujo 130 kilómetros desde Jagüey Grande.
Actualmente se construye un nuevo mercado mayorista en La Habana, El Trigal, con capacidad para 250 camiones, que será techado y tendrá cafetería y otros servicios. Funcionará en Boyeros, municipio donde está el aeropuerto de La Habana, y acogerá a los camiones que ahora venden en la Calle 114. A él podrán “acudir los compradores estatales como los no estatales”, dijo el vicepresidente Marino Murillo, responsable de las reformas económicas.
El Gobierno dio luz verde en julio al comercio mayorista. Las ventas por mayor operaban experimentalmente desde marzo en la Isla de la Juventud, de 85.000 habitantes, situada en el mar Caribe a 130 km al sur de La Habana.
Las autoridades esperan que con el mercado mayorista, el reparto de tierras ociosas y créditos blandos aumente la producción agrícola y bajen las importaciones de alimentos, que ascienden a $us 1.900 millones al año. La isla importa el 80% de lo que comen sus 11,1 millones de habitantes.

Texto y fotos AFP / La Habana
Publicado en El Financiero 11 de agosto de 2013

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