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19.12.11

Falta visibilizar el trabajo de la mujer minera en Latinoamérica

Va desapareciendo la tradición que impedía a la mujer entrar a la mina porque el Tío (diablo) se enojaba y se perdía la veta. En Bolivia hay 900 mineras afiliadas a Fencomin y, como en otros países de América Latina, sus condiciones laborales son pésimas.

“Hay una necesidad de mostrar que hay una inserción cada vez más fuerte de mujeres en la minería”, advierte la boliviana Ana María Aranibar, coordinadora internacional de la Red de prevención de gestión y manejo de conflictos mineros (Gecomin), en el marco del taller internacional “Inclusión del enfoque de género en la prevención de conflictos mineros”. Participaron representantes de Chile, Ecuador, Argentina, Colombia, Brasil, Perú y Bolivia; también aportaron con información de su diario vivir un grupo de trabajadoras mineras. 

La peruana Olinda Orozco manifestó que hay una ausencia de la perspectiva de género en la actividad minera que se convierte en una desventaja para las mujeres en la toma de decisiones. La falta de empoderamiento de la ciudadanía es otro problema. 

Similar situación sucede en los países mencionados, excepto Chile, donde las mujeres son profesionales y se insertan de mejor manera en la minería.  La chilena Zulema Soto sostuvo que es fundamental la participación activa en espacios de decisión.

Aunque no haya datos oficiales, se sabe que las palliris barranquilleras son jefas de hogar que trabajan en una estructura patriarcal. ¿Por qué visibilizar ese trabajo? “Precisamente para que se reconozca que las mujeres tienen los mismos derechos económicos y laborales; a tener mejores condiciones de trabajo, a recibir la misma remuneración y acceso a beneficios sociales. Esto no ocurre en los países latinoamericanos, especialmente en la minería a pequeña escala”, denunció Aranibar.

Adela López, secretaria de Socias Cooperativistas de la Federación de Cooperativas Mineras de La Paz (Fedecomin), señala que hay 300 mujeres en la actividad minera en el departamento. “A nivel nacional son 900 mujeres” las afiliadas a la nacional Fencomin a través de las cooperativas, en las cuales tienen el estatus de socias. Hace años ya no existen las palliris, mujeres que trabajaban en los desmontes, rescatando el mineral de la última piedra. Ahora son socias y sólo ellas pueden seguir en ese tipo de trabajo. Pero alerta que hay mujeres de 50, 60 y 70 años que siguen trabajando en las minas y no pueden ejercer sus derechos porque no tienen una identificación o no saben hacer otra cosa. “Falta capacitación”.

López es minera. Sus padres fueron mineros. Hace 28 años es socia de la cooperativa 15 de Agosto. Saca oro del Illimani. Es dirigente hace un par de años, elegida en un congreso. Tiene 50 años. Es viuda desde los 26. “La mayoría de las mineras somos viudas”, precisa.

La dirigente minera detalló que las mujeres trabajan en interior mina, en perforación, en desmontes y en las mesas de selección de minerales. En Caracoles son 40 las mineras que trabajan en el socavón y otras 30 hacen lo mismo en la mina Viloco. Su trabajo es similar al de los hombres porque las condiciones laborales son inadecuadas. Hay estudios que recuerdan que empezaron con bolsas de plástico en los pies  y ahora tienen botas de goma. Hace poco se difundió que se entregaron por vez primera 80 cascos a un grupo de mujeres.    
“Es un trabajo duro. Deberían tener los mismos derechos a nivel de condiciones laborales. Eso no ocurre”, sostuvo Aranibar. Además deben enfrentar problemas de violencia psicológica, física, sexual y doméstica, afirman algunos informes de la Comibol realizados en las minas estatales. 

En las cooperativas auríferas, en el norte paceño, muchas mujeres “ayudan” al marido. Trabajan en el hogar y luego se meten al río, con agua hasta la cintura, durante horas para hallar la pepa dorada. Es trabajo no reconocido.

Aranibar expresó la necesidad de buscar alianzas a nivel nacional e internacional que promuevan políticas laborales y de desarrollo para hombres y mujeres dedicados a la minería. Esto empieza por realizar estudios y/o un censo que muestre cifras de cantidad, edad y situación de las mujeres mineras. Datos oficiales no existen en América Latina. 

Actividad de la red GECOMIN

Objetivo. Reunir a la comunidad minera a nivel iberoamericano para crear un espacio de información, discusión y formulación en la temática de la prevención, gestión, resolución y manejo de conflictos en comunidades mineras. 

Actores. Activa participación de hombres y mujeres que trabajan en la minería, para  desarrollar una herramienta que permita solucionar y prevenir mayores impactos por conflictos latentes y contribuir al desarrollo  industrial sostenible de la    minería en   Iberoamérica.



El comercio justo llega a las cooperativas mineras

El estándar propuesto por Fairtrade y Fairmined para oro de minería artesanal y de pequeña escala es difundido en países en desarrollo para mejorar las condiciones de trabajo con un incentivo en recursos. La primera organización minera en ser certificada fue la boliviana Cotapata Ltda.; su presidenta, Juana Peña, recibió en Londres el cheque correspondiente.
En Bolivia, la institución que impulsa este programa de comercio justo es Cumbre del Sajama. “Se está trabajando en red con Colombia, Ecuador y Perú. Se tiene el objetivo de capacitar en los estándares internacionales que deben cumplir las cooperativas u organizaciones de minería a pequeña escala para que puedan certificar su oro. Una de las normas está relacionada al respeto y derecho de las mujeres a trabajar en la minería bajo condiciones igualitarias a los varones económicamente”, precisó Ana María Aranibar.
“En el estándar social, se debe evitar que los niños y niñas trabajen en actividades mineras. Se debe cumplir con las regulaciones laborales vigentes en cada país y especialmente las referidas a la seguridad social y ambiental. Si cumplen con estas normas pueden certificar el oro y recibir una especie de prima sobre el precio internacional del mismo del 10%; es el gran beneficio”, dijo.
En el mercado internacional, la onza troy de oro superó el valor de los $us 1.700. Un kilo tiene 31,25 onzas troy y cada una de ellas tiene 32 gramos. En un kilo de oro se puede recibir entre 3.000 y 4.000 dólares adicionales al precio de mercado, precisó. Pero ese dinero tiene un destino: debe ser reinvertido en programas sociales y educativos que beneficien a la organización minera.

No al trabajo infantil
El Comercio justo sigue los Convenios 138 (edad mínima) y 182 (peores formas de trabajo infantil) de la Organización Internacional de Trabajo. Se exige que menores de 18 años no sean empleados en trabajos que puedan dañar su salud y seguridad.

Socializan un reglamento para evitar los conflictos
Una Guía de prevención de conflictos vinculados a la actividad minera fue elaborado por la Red Gecomin, con la participación de más de 170 investigadores y representantes de empresas mineras, organismos estatales, gremios mineros, comunidades, pueblos indígenas y afrodescendientes, prefecturas o municipios, ONG, universidades estatales y privadas, centros de investigación y otros.
En www.gecomin.org está el documento en formato PDF que le permite ser bajado del internet. Se trata de desarrollar herramientas de prevención y resolución de conflictos mineros para un adecuado relacionamiento entre todos los actores involucrados.
Se señala que los conflictos actuales en la minería se deben a factores relacionados a la tenencia y propiedad de la tierra, ¿quién es dueño del suelo y el subsuelo?, ¿qué áreas se pueden identificar como aptas para la minería o la agricultura?, ¿dónde deberían desarrollarse proyectos mineros a nivel industrial?, ¿cómo desarrollar una minería industrial y sostenible sin afectar la calidad de vida de las comunidades alrededor de nuevas operaciones?
“Aunque esta problemática no es una novedad, sobre todo en los países latinoamericanos, lo cierto es que su relevancia y complejidad ha aumentado en los últimos años perjudicando el desarrollo de grandes operaciones mineras”, se manifiesta en el documento.
El manejo de los conflictos se convierte en una oportunidad y un desafío para analizar y transformar las relaciones de uso, acceso y aprovechamiento de los recursos naturales.



Svetlana Salvatierra
Publicado en El Financiero, 18 de diciembre 2011

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