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A la izquierda Potosí y a la derecha Cochabamba, el río Caine es la frontera entre ambos departamentos...

23.3.14

Cómo obtener tomates en Acacio, Anzaldo y Sacabamba

La Razón / Svetlana Salvatierra
24 de noviembre de 2013

Un tomate es un lujo en comunidades rurales de Acacio, Anzaldo, Sacabamba y otras en el norte de Potosí y el Valle Alto de Cochabamba. Con la papa, el maíz o trigo que les queda luego de una helada, granizada o sequía, los comunarios hacen trueque por verduras.
En el caso del tomate, sólo los que cosechan agua pueden cultivarlo.
“Cuando era como mi nietita, harta agua había en estas quebraditas, poco a poco ha disminuido”, recuerda el líder de la comunidad de Torno Khasa, Cecilio Yampara Felipe (57). El rostro se le ilumina cuando señala al aljibe, un tanque en el que cosecha agua de la lluvia que cae por el techo de su casa y la almacena para regar, por goteo, una pequeña huerta en medio de la árida montaña. Hace poco tiene agua potable, pero a veces “roba” de su cupo para regar cuando se acaba su otro líquido. “Pago un peso al mes, pero si gasto más, tengo que dar más”, asegura. Es agua que recorre 18 kilómetros desde otra comunidad que aceptó compartirla. Hay un directorio responsable de su mantenimiento; él fue parte del mismo.
“Es una pena vivir aquí”, afirma, pero al mirar al suelo verde de su huerto la sonrisa le vuelve. “Ahora tengo plantitas de duraznos, de manzanas, cebollas, habas, huacataya, perejil, ají... Aquí, mi esposa, Celia Flores Cruz, ya cocina más cosas. Me salva, pues ya no tenemos que ir a comprar cebollas”.
Don Cecilio es líder de la comunidad Torno Khasa, municipio de Acacio, de la provincia Bilbao Rioja, extremo norte de Potosí. Está en una montaña, a tres horas del río Caine, frontera con Anzaldo, municipio de Cochabamba. Lamenta que los jóvenes se van al Chapare o a Santa Cruz.
“Si no hay buena cosecha, están obligados”, lamenta mientras su esposa invita un plato de papa con maíz y un pedazo de charque, acompañado de llajua.
Un lacayote cocido en un horno de barro es el postre. Una comida de lujo para los visitantes, esta vez periodistas. Ese día, como todos los agricultores, se levantaron a las 04.30. Doña Celia Flores Cruz prepara sopa de trigo pelado con papa, charque y arroz, además de comida seca (papas, chuños, piri y charque), que lleva para ir a trabajar en los cultivos de esos mismos alimentos.
Este huerto diversificado y con agua para riego es parte del proyecto de fortalecimiento de la seguridad alimentaria con enfoque de sistema agroecológico que impulsa el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) desde 1999 en estas zonas.
En estas montañas de tonos grises, la tierra está removida para la siembra de papa que espera las lluvias de diciembre. Cerca de los atajados (familiares o comunitarios) hay grandes hoyos cuadrados en cuyo interior se apisona la tierra y se cubre con materiales plásticos para que la lluvia no “escape”.
“Agua, agua, agua, ése es nuestro reclamo a todas la instituciones que vienen. No sé cómo nos podrían ayudar para tener más plantitas y erradicar la extrema pobreza”, expresa Don Cecilio.
El trigo y el maíz les sirve para obtener algo de ingresos. Si hay buena cosecha, venden el 50% y el resto es para el consumo familiar.
Pedro Quispe (27) se copió la idea hace tres años. “Y por qué yo no puedo poner; he intentado y lo he logrado”. Tiene durazno, manzana, lechuga, zanahoria, que regala al wawa huasi, una guardería local que queda al lado de su huerto.
“Agua kawsay kani” es vida en quechua, exclama doña Isabel Paraguayo Ordóñez. Junto a su esposo Celestino Saramani San Miguel, cerca de donde viven —que es también donde se conocieron y casaron— hallaron agua, que es transportada hasta un tanque que riega su huerto diversificado. Cultivan hasta claveles, pero no tomates. Invernaderos son necesarios en estas montañas donde el viento sopla fuerte.
Cruzando el Caine, en Anzaldo y Sacabamba hay pequeños invernaderos, gracias a los que ya no viajan hasta Cliza para comprar verduras. En el atajado de Margarita Quispe crían carpas, pescados que fríen y degustan. Tomates no tienen, pues necesitan agua y muchos cuidados para evitar al pulgón.
Pero, como Pedro, cultivan de vez en cuando una plantita. “Bien ha resultado, casi una arroba he sacado. Poco he vendido y a algunos les he dado porque no tienen”. Su mamá, doña Agustina Pérez, está feliz ya que antes no tenían agua, sólo tierra. “Nuestro sufrimiento se debe al agua, no a otra cosa”.

Más que la tecnología, la flor del mogo mogo anuncia buen temporal
De un rojo intenso, la flor del cactus que crece al ras de la tierra, se levanta en comunidades de Sacabamba. Le llaman mogo mogo y es un anuncio de que habrá un buen temporal para las cosechas. Hace un par de años que esta flor y otras blancas de otra variedad de cactus no florecían. Elmer Mendieta, técnico del Centro de Investigación y  Promoción del Campesinado (Cipca), indica que ésta es una creencia de los agricultores. A veces es cierto.
Algunas lluvias cayeron en noviembre y en octubre de este año. Una granizada afectó a otras comunidades en Sacabamba y Anzaldo. En Acacio, Potosí, hay una estación del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología. Es paradójico, pero los agricultores de estas comunidades no reciben ninguna alerta de las granizadas, un fenómeno que cada año afecta a estas zonas. Y, además, fuera de la carretera principal, la señal de telefonía móvil de la empresa estatal, Entel, desaparece. Julio Terrazas Maldonado trabajaba como albañil en la ciudad de Cochabamba; ahora está feliz porque retornó a su pueblo y cultiva sus propios alimentos. Sin embargo, le gustaría saber si va a granizar o llover. Por el momento, disfruta del agua de atajados para regar sus invernaderos, en los que zanahorias, zapallos, lechugas y tomates son los que más se reproducen; igual que en el terreno de Margarita Vallejos. Sus ovejas también sacian su sed en el reservorio. “Lo que nos vence (excedente) ahora lo vendemos; hace 22 años era sólo para nosotros”, recuerda. Ellos migraron luego de una fuerte granizada que destruyó sus cultivos de papa.
En estas regiones, las parcelas de los campesinos tienen un tamaño de una a tres hectáreas.
Desde la década de los 90, Cipca trabaja en Sacabamba, donde “los resultados alcanzados en la transformación de la producción de secano a riego han dado una nueva perspectiva al trabajo agrícola y pecuario, con repercusiones en los municipios vecinos de esta región y del norte de Potosí”, se destaca en su sitio web.

Petardos alejan granizadas y agua de riego, a heladas
En Challaque, una de las 35 comunidades de Sacabamba, la construcción de una represa tardó 24 años —empezó en 1984 y concluyó en 2008—, a pesar de contar con financiamiento japonés. 250 son las familias beneficiadas, destaca don Benito García Banero, un agricultor que creyó en el proyecto que el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca) ayudó a promover. Las granizadas aún son un problema.
“No fue fácil. No creían que se podía hacer una represa y contener el agua”, recuerda. Hoy cuentan con personal para abrir las válvulas y dejar correr el agua durante una cantidad limitada de horas.
“Hemos vuelto a vivir a nuestra comunidad, ése es el mejor resultado del beneficio de contar con agua para la agricultura. Hay diferencia. Antes, en Challaque todo era pelado y empezamos con la forestación. Ahora la lluvia viene por aquí, ya que tenemos muchos árboles y la represa”.
El problema que deben enfrentar son las granizadas. “Para espantarlas lanzamos los petardos y la granizada se va”, asegura don Benito. Luego aclara que las heladas se enfrentan con riego. “Si las plantas están regadas, la helada no les hace nada”. Paradójico, pero funciona. Por este motivo, desde las cuatro de la madrugada se abren las válvulas para que el agua llegue a la cuarta parte de cada hectárea. No se puede cultivar más porque el líquido no alcanza, asegura.
“Seguridad alimentaria tenemos. Antes nuestras mujeres salían a ver las ovejas y nosotros teníamos que ir a la ciudad a trabajar de jornaleros y albañiles.
Ahora no. Nuestros hijos vuelven para la siembra y cosecha. Todo está más verde”. Ése es el color que le gusta a don Benito, quien también recoge hongos de los pinos para venderlos frescos o secos. Una arroba llega a valer Bs 300; tienen gran demanda. Pero no es suficiente, asegura. Quieren más agua para regar más espacios de tierra y producir más alimentos ecológicos. No usan agroquímicos, enfatiza.
Información de la Unidad de Proyectos Especiales sobre los proyectos de riego en estos municipios muestra que en 2008 se dio curso a la construcción de la represa Humapirhua, en Anzaldo, con un financiamiento de Bs 1.194.074 bolivianos. En Acacio se construyó el sistema de riego Torreni con Bs 866.372.
Ambos están concluidos.
Datos del Fondo de Inversión Productiva y Social (FPS) que lleva adelante el programa MiAgua I, II y III, al 21 de noviembre, dan cuenta de un total de Bs 7.151.090 invertidos en varios proyectos en Anzaldo: dos están en evaluación, dos en licitación, dos en ejecución y seis concluidos. En Sacabamba son 13 proyectos con una inversión de Bs 7.638.151 para nueve obras de riego concluidas y cuatro en licitación.
“Hasta enero de 2011 se ejecutaron 869 PICAS (cosechas de agua)”, informa Proagro en su sitio web, y benefician a 1.718 familias de diez municipios (siete en Potosí y tres en Cochabamba).
Cipca continúa promoviendo la seguridad alimentaria bajo sistemas agroecológicos en estas comunidades donde el agua escasea.

Agua de atajado para achojchas y vainitas
Achojchas verdes en medio de las hojas de esta trepadora se observan en varios invernaderos construidos con apoyo de Cipca en comunidades de Anzaldo. Estas verduras junto con el tomate, lechuga, repollos, vainitas, frutillas y orégano han ingresado en sus dietas alimenticias.
En la parcela de José Muñoz (24) el sistema de semisombra, una gruesa red sobre un pequeño cultivo de coliflores, mantiene el calor y evitó la granizada de octubre. No sucedió lo mismo con sus papas en pleno florecimiento. La mitad se salvó y ahora las riega con agua del atajado que tiene a pocos metros de su cultivo.
“Vivir bien es alimentarnos bien”, sentencia Pedro Quispe.  “Mis plantitas son como mis wawas”. Espera tener una carga de duraznos que los secará. El precio de ese mocochinchi llega a Bs 200 la arroba. En comparación, una arroba de trigo amarillo puede valer hasta Bs 40. Las cantidades producidas son pequeñas, pero los ingresos son grandes, asegura.

Población en tres municipios
Villa Anzaldo es un municipio de la provincia Esteban Arze de Cochabamba. Tiene una población de 9.126 habitantes, según el Censo 2012.
Sacabamba también es un municipio de la provincia Esteban Arze con unas  6.000 familias. Su héroe es Martín Uchu, un cacique que se enfrentó a los terratenientes en el siglo XVI.
Acacio es la segunda sección municipal de la provincia Bernardino Bilbao, de Potosí. En 2006 habitaban 2.979 personas.

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